Ruiseñada plantea la rehabilitación de una vivienda tradicional de tres plantas desde el principio de permanencia.
La intervención conserva los elementos que definen su identidad y reorganiza el espacio mediante operaciones precisas que mejoran la relación entre las estancias, potencian la entrada de luz natural y adaptan la vivienda a una forma contemporánea de habitar.
La continuidad espacial y una materialidad contenida construyen una atmósfera serena, donde los nuevos elementos dialogan con la arquitectura existente sin alterar su carácter.





Continuidad material
La intervención de la vivienda no transforma su identidad, pero sí la refuerza. Una paleta material reducida refuerza la identidad de la vivienda y aporta continuidad a los distintos espacios.
La madera, los acabados minerales y la piedra dialogan con la estructura existente para construir un interior sereno, cálido y atemporal.





Habitar el paisaje
La rehabilitación se extiende hacia el exterior mediante un cenador concebido como una estancia más de la vivienda. Una estructura ligera de madera sostiene una cubierta continua bajo la que se concentran la cocina, el fuego y el encuentro, configurando un espacio protegido para vivir el paisaje durante todo el año.
